jueves, 7 de febrero de 2013

La Virgen de la Consolación


La Virgen de la Consolación
Primera devoción mariana de Santa Cruz de Tenerife

por

Carlos Rodríguez Morales





La pequeña escultura de la Virgen de la Consolación conservada en la parroquia matriz de Santa Cruz de Tenerife es, muy probablemente, la más antigua efigie religiosa de la Isla y un testigo excepcional de su conquista y de su colonización europea. Su primitiva ermita, levantada junto al mar, fue demolida en 1573 para construir el Castillo de San Cristóbal. Edificada de nuevo en el interior de la población, en 1610 fue cedida a la Orden de Santo Domingo, que fundó allí un convento masculino puesto bajo su advocación, aunque fue sustituida por una imagen de mayor tamaño y de vestir. Esto favoreció la pérdida de memoria —y de devoción— respecto a la primitiva, aspecto en el que centro este pequeño estudio que he escrito animado por mi amigo Carlos Gaviño de Franchy.







                      La tradición


Árbol genealógico del conquistador Lope Hernández. 
Sevilla, 1604
A falta de noticias documentales explícitas y fiables, la literatura se ha encargado desde hace siglos de recrear las circunstancias que dieron origen a la primitiva ermita. Coincide en estas versiones la idea de que fue consecuencia de un voto una vez solventada cierta necessidad que passauan los castellanos durante la conquista de Tenerife, en 1495: Lope Hernández de la Guerra ofreció a Alonso Fernández de Lugo lo procedido de la venta de los dos ingenios que tenía en Gran Canaria para socorro de los soldados, salvando de esta forma un escollo que habría hecho que Lugo considerase, incluso, abandonar la empresa. Así lo plantean Antonio de Viana en su Poema [Sevilla, 1604] y Juan Núñez de la Peña en su Conquista y antigüedades [Madrid, 1676]. A pesar del tono épico del primero, el relato de Peña resulta más efectista. Sitúa la escena en Santa Cruz, a la orilla del mar, donde el futuro Adelantado reunió a algunos nobles amigos y les hizo partícipes de su preocupación.

Viendo el noble Lope Hernández de la Guerra quan afligido estaua su general, le dijo con liberales palabras, nacidas de su voluntad perfecta, que estaba dispuesto a vender dos ingenios azucareros que tenía en Gran Canaria para emplear su valor en socorro para los soldados […] El general, que tales razones oyó, lo levantó de su asiento y abrazó a Lope Hernández de la Guerra y le respondió: Amigo, hoy me auéis dado gran consuelo […] Y leuantado el general los ojos al cielo, dando gracias al Señor, dixo: Omnipotente señor, que auéis permitido que mi pena se haya buelto en consuelo, y que estos amigos le ayan recibido con esta promessa, en acción de gracias os prometemos de hazer en este mesmo sitio vna ermita en vuestro honor de la Reyna de los Ángeles, con el título de Nuestra Señora de la Consolación [1].



Autógrafo de Antonio de Viana
Viana había aprovechado también para vincular el sentimiento de Lugo —la pena tornada en consuelo— con la advocación mariana [2]. Pero no sabemos aún si la elección radicó en esta circunstancia —lo que quizá no pasa de ser un juego de palabras—, si la efigie ya venía recibiendo culto bajo este título o si, en cualquier caso, fue condicionado por algún otro motivo. A este respecto se ha planteado una posible vinculación a la Orden de San Agustín, y podría apuntarse también como precedente el culto a la Virgen de la Consolación en el sur peninsular, de donde provenía buena parte de los conquistadores [3].

Rumeu de Armas apuntó que a mediados del siglo xvi, concretamente en 1553, la ermita dependía del monasterio agustino de La Laguna [4]. Esto, en cualquier caso, no permite ser concluyentes respecto a una relación en origen entre la imagen, su advocación y los frailes de la Orden que acompañaron a Lugo en sus campañas finales, como alguna vez se ha apuntado [5]. A este respecto, y con prudencia, cabe matizar que entonces este título mariano no tenía para los agustinos la importancia que adquirió décadas después, al unirse en 1575 las cofradías de Consolación y Correa en Bolonia. Por lo tanto, puede afirmarse con Cioranescu que será más prudente admitir que ignoramos la fecha y las circunstancias de la fundación de esta ermita [6].
Autógrafo del Adelantado Alonso Fernández de Lugo

La imagen


Virgen de la Consolación.
Parroquia de Nuestra Señora
de la Concepción
La Virgen de la Consolación —en los documentos, muchas veces, Virgen de Consolación— es una pequeña talla de la que se ha planteado su posible factura sevillana [7], que la muestra de pie, ataviada con túnica y manto sobre los hombros, cubierta su cabeza por una especie de cofia que deja ver parcialmente sus cabellos dorados. La pérdida de sus manos originales —las que ahora tiene le fueron colocadas en fechas recientes— dificulta su lectura iconográfica, pues no sabemos si llevaba al Niño o si portaba algún objeto o atributo. En antiguas fotografías, aquí reproducidas, puede verse con y sin Infante, que en cualquier caso no corresponde al conjunto primitivo. Su aspecto tardogótico encaja con la datación que se le supone: finales del siglo xv.

Por su pequeño tamaño —apenas 46 centímetros de altura— podría valorarse como una imagen portátil, de campaña, traída por los conquistadores, a medio camino entre la devoción privada y la colectiva. Una condición similar, asociada a las huestes de Fernández de Lugo, se supone para la primitiva imagen de Santa María de Gracia de la ermita erigida por esos mismos años en un promontorio en el camino que unía La Laguna con Santa Cruz, donde el Adelantado y sus tropas habían establecido su real tras una victoria sobre los guanches. Agradecidos, prometieron edificar una iglesia al misterio de su Encarnación con el título de Nuestra Señora de Gracia, con que después de conquistada la isla cumplieron su voto [8]. La posibilidad de que la primera titular fuera una imagen de campaña vendría avalada por la noticia de que cuando fue sustituida en 1541 por otra nueva se hizo notar que antes había otra pequeña [9].










Castillo de San Cristóbal. Santa Cruz de Tenerif

Una nueva iglesia y un convento
Desde los años cincuenta del siglo xvi se consideró la opción de levantar un fuerte —el Castillo de San Cristóbal— en la costa de Santa Cruz, en la zona ocupada por la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación, por lo que suponía un estorbo. Esto vino a concretarse años más tarde. En 1570 se pidió licencia al obispo para derribarla y volverla a levantar en otro sitio, sin que se aluda en las actas capitulares a patronato particular alguno ni a los agustinos. En 1573 fue demolida y paralelamente se levantó la nueva, todo a costa del Concejo. Allí se mantuvo el culto a la Virgen, que siguió siendo objeto de la devoción popular [10], donde estaría establecida una cofradía que la tuvo como titular[11].


El 26 de marzo de 1610, superada la oposición de algunos vecinos y con la anuencia episcopal, los dominicos tomaron posesión de la yglesia de Nuestra Señora de la Consolación del lugar y puerto de Santa Cruz, por la necesidad que allí ay por lo que toca a lo espiritual, para fundar un nuevo convento de su Orden [12]. Dos días antes, en La Laguna, habían capitulado su fundación y patronato con los hermanos Andrés y Luis Lorenzo, capitanes, regidores de la Isla, familiares del Santo Oficio y acaudalados mercaderes. Entre las condiciones, los Lorenzo se obligaron a edificar la capilla mayor —de la que serían patronos— para cuyo altar se obligaron a traer un tabernáculo para la santa ymagen de Nuestra Señora de Consolación, con su sagrario avajo para el Santísimo Sacramento del altar, cuya trasa y costo queda a nuestra devoción [13].

Maravillas, milagros y otra imagen

Varios indicios nos llevan a pensar que fue entonces cuando la primitiva efigie fue reemplazada por otra de vestir y de mayor tamaño, conservada ahora en la Iglesia de San Francisco. Pensemos, en primer lugar, que la pequeña iglesia fue transformada en un templo de dos naves. Provisionalmente se mantuvo la capilla mayor que agora ay, pero pronto debió levantarse la nueva, más amplia, costeada por los patronos, en la que se colocaría aquel tabernáculo quizá ya pensado para acoger en su hornacina principal una nueva imagen. Pero el testimonio más contundente nos lo ofrece el testamento otorgado en 1623 por Juana de Espinosa, viuda del escribano de registros Diego de Barruelo, al disponer que una ropa entera de raso blanco que dexo se le dé a Nuestra Señora de la Consolación deste lugar, y por ello pido al prior y frayles que en el día de mi entierro digan por mi ánima una misa cantada con su responso y que todas las veces que se vistiere la santa ymagen la dicha ropa tengan memoria de desir por mi ánima un responso [14].

Indudablemente, la Virgen de apenas medio metro de altura no podía ser ataviada con los vestidos de una mujer, salvo que fueran muy transformados. Parece sensato considerar, por lo tanto, que los frailes optaron desde el comienzo por sustituir la efigie primitiva por una de natural estatura, que supusieron más adecuada a las preferencias devocionales barrocas. En este contexto, el traslado en rogativa en 1619 de la Virgen de la Consolación —suponemos que la nueva, recién estrenada— a La Laguna puede valorarse como una estrategia encaminada al afianzamiento de su culto y a acreditar su condición milagrosa, cuestión que como veremos fue objeto de cierto debate.
Ermita de Santa María de Gracia. Fotografía anónima. Ca. 1900
La visita de la efigie mariana estuvo motivada por la gran necessidad que ay en esta isla de agua i en particular en el pago de Sancta Crus. Debió ser alentada por los dominicos y contó con el respaldo concejil, además de la participación vecinal. Gracias a un acta capitular sabemos que hizo primero estación en la Ermita de Santa María de Gracia, desde donde los regidores decidieron conducirla hasta la ciudad, organizando allí diversas celebraciones. El documento al que nos referimos merece ser parcialmente transcrito:

La Justizia i Regimiento dixeron que por la gran necessidad que ay en esta isla de agua i en particular en el pago de Sancta Crus los vesinos del dicho lugar traxeron, i el prior del Convento de Nuestra Señora de Consolaçión, a la santa imagen a esta ciudad, i está en Nuestra Señora de Graçia, que por ser la necessidad del agua tan apretada dixeron que para mañana, juebes, por la mañana los señores diputados hablen, o qualquiera dellos, al padre prouinçial de los dominicos para que dé lisençia se traiga la santa imajen de la hermita donde está a vno de los conuentos de su horden desta ciudad i se dé noticia al señor bicario abiéndose de traer, i a los demás frailes i relijiosos para que acudan todos a la proseçión y se haga con la mayor solenidad que se pueda, i se pregone para que todos los vesinos acudan a ella, i los señores diputados y qualquiera dellos manden dar la sera que fuere nesessaria, i el costo della la libren sobre el maiordomo deste Concejo.

Estaba previsto también que la Virgen fuera hasta el Convento de San Miguel de las Victorias, donde está el sancto Christo [de La Laguna], donde se haga vna missa, y que luego ambas imágenes fueran llevadas en rogativa hasta la Iglesia de los Remedios o hasta el Monasterio de Santa Catalina, donde se diga otra missa i se quede la santa imajen de la Consolaçión, i se llebe a el santo Christo a su casa [15].

Otro indicio vendría a reforzar nuestra propuesta de datación sobre el cambio de la antigua efigie por la nueva. En 1622 fray Juan López dio a la imprenta la Quinta parte de la Historia de Sancto Domingo y de su Orden de Predicadores [Valladolid, 1622], a partir de informaciones recopiladas en Sevilla por fray Bernardo de Figueroa un año antes. Al referirse al convento dominico de Santa Cruz de Tenerife, apunta:

Es vna cosa de mucha consideración, y de las que Dios tiene reseruadas en su diuino pecho, que estando aquella santa imagen en vna pobre ermita edificada en el campo jamás se entendió que hiziesse milagros; y después de auerse edificado el conuento, y puesto en él aquella santa imagen con mucha decencia, ha obrado Dios y obra singulares marauillas y milagros, que la han hecho muy frequentada y celebrada en toda la tierra [16].

Ciertamente, no se indica que la imagen haya sido sustituida; es más, se entiende que la que estaba en una pobre ermita era la misma que se entronizó en el convento. Pero podríamos considerarlo también como un silencio intencionado respecto al baile de imágenes encaminado, precisamente, a legitimar el cambio: jamás se entendió que hiziesse milagros —la antigua— y después de auerse edificado el conuento, y puesto en él aquella santa imagen con mucha decencia, ha obrado Dios y obra singulares marauillas y milagros —la nueva—. Recordemos que la manda testamentaria de doña Juana de Espinosa, que parece concluyente sobre el tamaño de la escultura, está fechada solo un año después.

Contamos con más testimonios —contradictorios— sobre esta polémica suscitada por la condición prodigiosa de la Virgen de la Consolación. En sintonía con lo recogido por fray Juan López, un anónimo autor dominico isleño, quizá de finales del siglo xvii, exalta las virtudes de la imagen —ahora, explícitamente, la nueva— y omite cualquier referencia a la anterior:

La imagen es de vestir, hermossa, deuota, de gran magestad, que [roto] deuoción y respecto porque es de natural estatura. A sido nuestro Señor seruid[o] de[s]pués que fundaron los religiossos de obrar muchos milagros por su in[t]ercessión, según que se deja entender de las pinturas antiguas y aparatos de quadros, braços, piernas, manos, pies, pechos, cables y otras figuras de nauíos y uageles que pusso la deuosión de los fauorecidos en los passa[dos] años para recu[erdo] a la deuoción de los presentes en quien sabe mucha fre[cue]ncia todos los años a su fiesta y todos los sáuados del año, especialmente en la quaresma [17].

Pero en unas notas posteriores —redactadas probablemente por un fraile a comienzos del siglo xviii— se vincula el cese de los milagros obrados por intercesión de la primitiva imagen a su desplazamiento devocional:

Era la imagen que auía en la hermita, muy milagrosa y de mucha deuoción, y de todas partes de la ysla concurrían deuotos a pedirle en sus necesidades y conseguían muchos el remedio por medio de esta milagrosa imagen, y esto duró hasta que hicieron la que la que oy está en el altar maior, por ser la otra pequeña; i aunque ay también con ella particular deuoción, no es como la antigua que auía porque luego que mudaron de imagen cessaron los milagros; de algunos ay noticia que por tradición ha venido hasta estos tiempos, y es cierto que son muy particulares y de grande ponderación, y estos no se continuaron por auer faltado el culto de la imagen [18].


Autógrafo de Juan Núñez de la Peña
Con esta cuestión de fondo y, sobre todo, si convenimos en el escaso interés de los dominicos por recordar la existencia de la primitiva efigie, se comprende mejor la pérdida de memoria respecto a ella que evidencia un documento de 1716. El cronista Juan Núñez de la Peña —muy informado sobre la historia isleña, rebuscador y lector casi compulsivo de viejos papeles— no tenía claro al final de sus días el origen de la imagen. En testamento otorgado aquel año se refirió a una capellanía de siete misas rezadas instituida por sus abuelos maternos, Cristóbal de Solís y Leonor de la Cruz, en el convento dominico de Santa Cruz, en un altar que tenían por data en que estaua un quadro de Jesús Nasareno, y después otro de San Cristóual y al presente está una ymagen pequeña de bulto de Nuestra Señora que se dise fue la antigua Consolación que hubo en aquella yglesia [19].



Luis de la Cruz y Ríos: 
Juan Primo de la Guerra y Ayala. 
Ayuntamiento de La Laguna
El altar, al medio de la yglesia de dicho convento, en la pared que mira al claustro, era tal vez el mismo en el que la Virgen permanecía casi un siglo después. En 1805 Juana del Hoyo, viuda de Fernando de la Guerra, escribió a su hijo Juan una carta que éste transcribió en su diario:

Tu tío y yo fuimos a Santo Domingo a oír una misa, descubierta la Virgen de la Consolación en memoria de los Guerra; ya no había misa, pero se descubrió la imagen, que no es aquella de la conquista, pero nos la enseñaron también, que está en otro altar y le han puesto otro apellido, lo que no me gusta, y yo la comprara de buena gana y la trajera a casa para no perder la memoria. Es chiquita y de talla, pero le han puesto vestido [20].

La cita vincula devocionalmente, aunque de forma difusa, la Virgen a la familia Guerra. Para entonces Viera ya había corregido un error cometido tanto por él como, antes, por Peña al situar en la Ermita de la Consolación la capellanía de misas fundada por Lope Hernández de la Guerra [21]. En realidad, se servía en la iglesia parroquial del lugar [22]. Por otra parte, la carta ilustra sobre la costumbre, en fechas tan tardías, de sobreponer vestidos a la escultura, insiste en el abandono de la imagen y apunta un cambio de advocación —le han puesto otro apellido— del que no tenemos más datos.



La fiesta

La escritura de fundación del convento dominico, en 1610, recoge que su fiesta más prençipal debía celebrarse con vísperas, misa mayor, procesión y sermón cada 15 de agosto —Asunción de la Virgen— en el qual día an de sacar a la dicha ymagen en prosesión [23]. A partir de 1645 se celebró también este día la procesión de Corpus Christi organizada por los frailes, por ser el día principal y de la patrona deste convento. En los primeros años el convento no contaba con los ornamentos necesarios para celebrar la fiesta sacramental cuando correspondía, el domingo de la infraoctava, así que se pedían prestados al de La Laguna; y no pudiendo prestarlos en el día que ellos los auían menester se determinaron a trasferirla en este día, previa licencia del obispo Sánchez de Villanueva [24].

Este nuevo acercamiento a la primitiva imagen de la Virgen de la Consolación nos recuerda algunos interrogantes fundamentales todavía planteados sobre su procedencia, sobre su precisa cronología y sobre su historia devocional. Lejos de ser motivo de desánimo, estos retos deberían alentar a los investigadores, pues por lo general incluso pequeños estudios como éste ofrecen frutos nuevos si se afrontan con enfoque revisionista.


Virgen de la Consolación. Fotografía estereoscópica. Col. Carlos Benítez Izquierdo


Bibliografía

Álvarez Delgado [1961]
Juan Álvarez Delgado: «La conquista de Tenerife. Un reajuste de datos hasta 1496 (conclusión)», en Revista de Historia Canaria, nos 133-134, pp. 6-65.

Cioranescu [1977-1979]
Alejandro Cioranescu: Historia de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Caja General de Ahorros de Canarias.

Cioranescu [1993]
Alejandro Cioranescu: Historia del puerto de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Gobierno de Canarias.

De la Guerra [1976]
Juan Primo de la Guerra: Diario. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife.

Delgado [2001]
Sebastián Matías Delgado: «En pro de la recuperación de una devoción histórica de Santa Cruz de Tenerife: Nuestra Señora de la Consolación», consultado en enero de 2013 en http://amigos25julio.com/

Fuentes Pérez [2001]

Juan Núñez de la Peña: 
Conquista y Antigüedades… Madrid, 1676
Gerardo Fuentes Pérez: «Nuestra Señora de la Consolación», en Arte en Canarias [siglos XVI-XIX]. Una mirada retrospectiva. Islas Canarias, t. ii, pp. 18-23.

López [1622]
Fray Juan López: Quinta parte de la Historia de Santo Domingo y de su orden de Predicadores. Valladolid: Juan de Rueda.

Hernández Perera [1984]
Jesús Hernández Perera: «Arte», en Canarias. Madrid: Fundación Juan March, pp. 313-468.

Núñez de la Peña [1676]
Juan Núñez de la Peña: Conqvista y antigvedades de las Islas de la Gran Canaria, y sv descripcion. Con mvchas advertencias de sus Priuilegios, Conquistadores, Pobladores, y otras particularidades en la muy poderosa Isla de Thenerife, Madrid: Imprenta Real.

Pérez Morera/Rodríguez Morales [2008]
Jesús Pérez Morera y Carlos Rodríguez Morales: Arte en Canarias del Gótico al Manierismo. Colección «Historia Cultural del Arte en Canarias», t. ii. Islas Canarias: Gobierno de Canarias.

Riquelme Pérez [1982]

Antonio de Viana: Antigüedades… Sevilla, 1604
María Jesús Riquelme Pérez: Estudio histórico-artístico de las ermitas de Santa María de Gracia, San Benito Abad y San Juan Bautista. La Laguna. La Laguna.

Rodríguez González [2004]
Margarita Rodríguez González: «Virgen de la Consolación» en Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado. Valladolid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Junta de Castilla y León, p. 333.

Rumeu de Armas [1947]
Antonio Rumeu de Armas: Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Viana [1604/1986]
Antonio de Viana: Antigüedades de las islas afortunadas de la Gran Canaria, conquista de Tenerife, y aparescimiento de la ymagen de Candelaria: en verso suelto y octava rima. Sevilla: Bartolomé Gomes. Citamos por la edición de 1986, con introducción de Alejandro Cioranescu. Santa Cruz de Tenerife: Editorial Interinsular Canaria.

Viera y Clavijo [1776/1982]
José de Viera y Clavijo: Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria. Madrid: Blas Román. Citamos por la edición de 1982, con introducción y notas de Alejandro Cioranescu. Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones.


Gumersindo Robayna: Convento de Santo Domingo. Col. part. Tenerife


NOTAS
[1] Núñez de la Peña [1676], pp. 159-160.
[2] Viana [1604/1986], t. ii, p. 239.
[3] Así lo apunta Álvarez Delgado [1961], pp. 45-46, citando posibles referentes devocionales en Jerez, Utrera y en la actual provincia de Badajoz.
[4] Rumeu de Armas [1947], t. ii, primera parte, pp. 153-165.
[5] Según Fuentes Pérez [2001] es muy probable que el título de la Consolación fuera dado por los frailes agustinos que habían acompañado al Adelantado. Delgado [2011] plantea que casi con total seguridad cabe anotar en el haber de ambos [fray Andrés de Goles y fray Pedro de Cea, los dos agustinos que acompañaron a Lugo] la introducción de esta devoción, que seguramente era compartida por el propio Adelantado.
[6] Cioranescu [1977-1979], t. ii, p. 275; y [1993], p. 134.
[7] Hernández Perera [1984], p. 202; Fuentes Pérez [2001]; Rodríguez González [2004].
[8] Núñez de la Peña [1676], p. 322.
[9] Riquelme Pérez [1982], p. 46; y Pérez Morera/Rodríguez Morales [2008], pp. 26-27.
[10] Citemos, por ejemplo, que un año antes de la demolición, en 1572, la vecina de El Sauzal Leonor Pérez dejó impuesta una misa a Nuestra Señora de Consolaçión, en Santa Cruz, e se pague lo acostumbrado. AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.339 [escribanía de Pedro Hernández Lordelo], ff. 226r-227v, 15/1/1572. En testamento otorgado en 1635 el sacerdote Mateo de Armas dispuso la entrega de veinte y cuatro reales de limosna a la lámpara de aceite de Nuestra Señora de Consolaçión en Santa Cruz, por quanto es mi debota, y fui confirmado y dixe misa nueba en dicha iglesia, que entonces era ermita. AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.033 [escribanía de Francisco de la Parra], f. 406v, 19/9/1635.
[11] En 1580, Melchora de Lordelo, vecina de La Laguna, dispuso en su testamento que se diese a la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolasión, ques en Santa Cruz, media dobla de limosna. AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 245 [escribanía de Juan Núñez Jayme], f. 199v, 8/5/1580.
[12] Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife [AHPT]: Delegación Provincial de Hacienda, Conventos, 3.564, f. 2r; AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.027 [escribanía de Tomás de Palenzuela], ff. 390r-394r, 24/3/1610.
[13] AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.027 [escribanía de Tomás de Palenzuela], ff. 390r-394r, 24/3/1610.
[14] AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 78 [escribanía de Agustín de Mesa], ff. 418r-424v, 31/7/1623.
[15] AMLL: Sección i, Libro xxxii de actas capitulares [oficio i], ff. 43r-43v.
[16] López [1622], f. 187v.
[17] AHPT: Delegación Provincial de Hacienda, Conventos, 1.366, f. 31r.
[18] AHPT: Delegación Provincial de Hacienda, Conventos, 3.564, f. 2r.
[19] AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.108 [escribanía de Juan Antonio Sánchez de la Torre], ff. 104r-104v, 9/12/1716.
[20] De la Guerra [1976], t. i, p. 292.
[21] Núñez de la Peña [1676], p. 160; Viera y Clavijo [1982], t. i, p. 654.
[22] Viera y Clavijo [1776/1982], t. ii, pp. 684-685.
[23] AHPT: Sección histórica de Protocolos notariales, 1.027 [escribanía de Tomás de Palenzuela], f. 392r, 24/3/1610.
[24] AHPT: Delegación Provincial de Hacienda, Conventos, 3.564, f. 22r.



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